Hablaba este verano con un grupo de amigos y no deja de sorprenderme la naturalidad con la que se acepta un entorno de trabajo en el que no existe la motivación, ni la implicación, en el que trabajar no es más que pasar las horas como buenamente se pueda deseando que llegue el viernes. No lo entiendo. De hecho, me niego que sea así!
La empresa feliz es posible, aquel espacio donde podemos hacer aquello que se no da mejor, sin envidias ni miedos, aportando cada uno lo mejor que tiene, haciendo posible la magia de una sinergia real.
Para ello hace falta primero una implicación total del líder. Es él quien tiene la responsabilidad de transmitirla motivación que cada cual necesita, y no me refiero a un ascenso o más días de vacaciones, sino motivación intrínseca, aquello que nos hace vibrar y que nos gusta hacer, incluso si no nos pagaran por ello. Él es el primero que tiene que conocer su estilo de liderazgo para aplicarlo con honestidad y transparencia. El equipo en este proceso es vital, saber qué aporta cada persona para valorarlo y aprovecharlo de forma positiva. Todos somos diferentes y tenemos mucho que ofrecer, si además esto se suma de forma sabia en un equipo la magia aparece sola.
Si, la empresa feliz es posible. Por suerte, cada vez son más las empresas que apuestan por este enfoque y que nos dejan ayudarles a gestionar el cambio. En TalentUp tenemos muy clara cuál es nuestra misión «cambiar el mundo sacando lo mejor de las personas».

